Nicolas Cage dentro del mundo del cómic
Si en algún momento de tu vida te has considerado mínimamente dentro del mundo friki, estoy plenamente seguro de que te habrás topado más de una vez con la llamativa imagen que supone ver a un Nicolas Cage en su apogeo como actor embutido en el traje de Superman. Pero tampoco sería de extrañar que en cualquier otro momento ese Cage con melena y el característico traje azul y rojo hubiese hecho alguna aparición en tu tl o en la sección de cultura de algún telediario para marcar algún tipo de efeméride.
Esta Superman Lives de Tim Burton es una de esas famosísimas películas que jamás llegaron a realizarse y, al igual que la Dune de Jodorowsky, ha dejado tras de sí un legado de innumerables documentales, referencias dentro de la cultura pop y cameos, así como de vídeos de Youtube, reels y artículos que perfectamente podrían titularse «No te creerás el actor que estuvo a punto de ser Superman» o «Cuando Nicolas Cage -casi- interpretó a Superman».
Otro tipo de vídeo muy recurrente dentro de estos canales es el que hace un repaso de todos los papeles en los que el bueno de Cage ha dado vida a personajes del mundo del cómic: Ghost rider, Kick-Ass, las nuevas películas animadas de Spiderman… sin embargo, hay siempre un superhéroe que parece querer escabullirse de este tipo de contenido, quizás sabiendo que, mientras su amigo y vecino el Hombre Araña copa todos los titulares, él queda relegado a ser un mero segundón dentro de la ciudad de Nueva York. Este personaje no es otro que Daredevil y Nicolas Cage lo interpretó en una película de Martin Scorsese.
Quién es Daredevil
Su historia
Para quienes no estén familiarizados con el diablo de Hell’s Kitchen (barrio de NY que puebla sus viñetas), repasemos rápidamente su historia: Daredevil es el alter ego de Matt Murdock, quien perdió la visión de niño cuando, intentando salvar a un hombre ciego de ser atropellado por un camión, el extraño producto que transportaba el vehículo cayó sobre sus ojos. Fue gracias a este accidente que el resto de sus sentidos se desarrollarían de manera sobrehumana.
Durante su infancia tendría que soportar también la muerte de su padre, un boxeador al que una banda criminal asesinó por negarse a pelear delante de su hijo. El joven Murdock crece y compatibiliza las clases de derecho con el aprendizaje de artes marciales para acabar siendo años después, como tantos de nosotros, un pluriempleado más. Con la sutil diferencia de que él de día es abogado y de noche un superhéroe (que no sé vosotros, pero yo no sabría cómo hacer la declaración de la renta en esa situación).
El carácter religioso del personaje
A esta historia de iniciación, que ya tiene de por sí algunos ingredientes que la hacen lo suficientemente interesante (ya sabéis, la justicia es ciega) hemos de sumarle un factor que las historietas de Daredevil han sabido explotar como ningún otro personaje de Marvel: el religioso. Matt Murdock es un abogado y católico practicante que por la noche se viste de diablo y, a través de su particular moral, intenta llevar todo el bien que no ha conseguido durante el día en los juzgados a su querida Cocina del infierno. Fue Frank Miller con el maravilloso Born again quien mejor desarrolló esta faceta del personaje, un Miller que ya se ha más que destapado a sí mismo como un villano fascista, pero qué buen contador de historias era.
Ahora bien, ¿Qué pintan Nicolas Cage y Martin Scorsese en todo esto? pues aunque parezca mentira, juntos realizaron una adaptación del personaje de Daredevil cuyo guion estaba, además, firmado por Paul Schrader. Lo que ocurre es que ahora Matt Murdock no va de rojo, sino de blanco; no atraviesa las calles de Nueva York dando cabriolas, sino que lo hace montado en una ambulancia; no es en realidad un abogado trasnochado, sino un paramédico.
El resultado: la película Al límite
Este curioso mejunje vio la luz en 1999 con el estreno de la película Bringing out the dead, que en España se tituló como Al límite. Ya está, ya he enseñado todas mis cartas. Ahora sabéis que yo lo único que quería desde el primer momento era hablar de la que considero una de las grandes olvidadas dentro de la filmografía del director neoyorquino y, admito, es una de mis favoritas. Pero no os vayáis, que os prometo que todo esto acabará teniendo sentido.
En el comienzo está todo
Primeras palabras
Todo estaba en su sitio para que tuviéramos un fin de semana largo: calor, humedad, la luz de la luna…
Nos empieza contando el protagonista de Al límite en voz en off, pues durante la película vamos a seguir cuatro noches de trabajo, de jueves a domingo, en las que un paramédico intentará realizar su deber: salvar vidas.
Era bueno en mi trabajo, había periodos en los que mis manos se movían con una velocidad y una habilidad que iban mucho más allá de mí, pero en el último año empecé a perder ese control. Las cosas habían empeorado, no había salvado a nadie en meses.
Prosigue contando esta voz, que ya percibimos cansada desde el comienzo. De repente, erigiéndose como un salvador, otra voz por radio les encomienda a él y su compañero un último trabajo, una última oportunidad. Si estamos viendo la película en versión original, puede que la voz de este personaje que escucharemos, pero nunca veremos a lo largo de la cinta nos resulte familiar. Es, ni más ni menos, que la de Scorsese, que se da a sí mismo un papel muy parecido al de Killers of the flower moon, sólo que aquí lo hará en un grado superior ya que, en realidad, el director interpreta a un dios que dirige a sus ángeles. Pero no nos adelantemos.
La acción comienza a desarrollarse
Los personajes de Nicolas Cage (que se llama en realidad Frank Pierce) y John Goodman, el primero de sus compañeros de turno, llegan al lugar que les había indicado esa voz por radio. «Por qué tiene que ser siempre en el último piso» se pregunta este último mientras la cámara toma el punto de vista de los personajes al subir la escalera. Una vez llegan al apartamento, se encuentran con una familia entera que es incapaz de ayudar al patriarca, quien acaba de sufrir un ataque al corazón. Tras intentar estabilizarlo, lo llevan al centro de salud mientras los acompaña su hija, llamada, casualmente, Mary.
Allí se encuentran unas emergencias totalmente desbordadas y donde un guardia de seguridad decide quién puede pasar hacia dentro a tomar consulta y quién no, para que luego los médicos se encarguen de poder dilucidar quién será salvado y a quién condenarán a seguir vagando por las calles de la Cocina del infierno. El hombre que han traído nuestros protagonistas, al que en un primer momento le deniegan la entrada, podrá permanecer finalmente en urgencias, pero seguirá, eso sí, en estado catatónico hasta pasados 3 días. Es decir, hasta el domingo.
El significado detrás de Al límite
La religión como tema central
Durante toda esta secuencia de arranque ya tendremos la mayoría de elementos que nos ayudarán a descifrar todos los símbolos que componen la película. Como habréis podido intuir si no la habéis visto después de leer los dos párrafos anteriores, las alusiones al cristianismo son más que evidentes. Sin embargo, pueden no operar de la misma forma. No nos olvidemos que por un lado tenemos a Martin Scorsese, reconocido católico a la dirección, mientras que el guion es firmado por Paul Schrader, educado en un muy estricto calvinismo. Esto provoca que ciertos símbolos se bifurquen y puedan tener diversas interpretaciones, aunque todas acaben cayendo bajo el mismo paraguas de la religión o, si abrimos las miras, también bajo otros tipos de mitología.
No pretendo aquí desentrañar todos y cada uno de los símbolos presentes, éste no es ese tipo de artículo. Creo que es bastante más interesante hacerlo por uno mismo mientras se ve la película y, además, mis conocimientos en el cristianismo palidecerían bastante ante una obra que, si bien no sé si llegaría a calificar del todo como alegórica, sí que tiene a la religión cristiana como claro subtexto.
La religión como nexo de unión entre Daredevil y Al límite
¿Y qué otro personaje neoyorquino tiene a esta religión operando, a veces como subtexto y otras como tema vehicular de la trama en sus obras? Lo habéis adivinado: Daredevil. Desconozco hasta qué punto Scorsese, Schrader y Joe Connelly (autor del libro semiautobiográfico en el que la película se basa de forma más directa) tenían a Matt Murdock como inspiración para el personaje interpretado por Nicolas Cage, lo que sí sale a la luz es que los productos culturales acaban irremediablemente dialogando entre sí, quieran o no los autores.
Si volvemos a aquella historieta que decíamos anteriormente que mejor desarrollaba el carácter religioso de Daredevil, Born again, lo entenderemos mejor. El cómic de Frank Miller fue lanzado en 1986, una década antes que la película de Scorsese y es en realidad una muñeca más dentro del juego de matrioshkas que estamos describiendo, pues readapta la historia bíblica del santo Job (sí, el de la paciencia). Para la tradición cristiana, Job es un ferviente católico a quien dios pone a prueba su fe despojándole de todo lo bueno de su vida (familia, riquezas…) para observar si incluso en ese estado es capaz de mantenerse inquebrantable. Y éste es en esencia el mismo argumento del cómic de Miller (y de la película de Scorsese).
En palabras de la madre de Matt Murdock en otro arco argumental del superhéroe:
Sé, tras haber leído sobre tus dos vidas a lo largo de los años, que actúas en el bando de los justos. Eres un ángel, Matthew, no un miembro de la hueste celestial, pero aun así un servidor de dios.
La cultura como compendio de todo
Todo es la misma historia
En resumidas cuentas, no podemos señalar con claridad en quién pensaban exactamente Scorsese y Schrader creando el personaje de Frank Pierce (¿en Joe Conelly, en Daredevil, en Job… en todos a la vez?) lo que sí sacamos en claro es que la cultura funciona de manera acumulativa y es en cómo dialogan esas capas que se encuentra uno de los tantos factores que nos hace a los humanos grandes contadores de historias. Pero no sólo eso, sino que también es interesante ver de qué forma entran en contacto y se adaptan entre sí diferentes tipologías de medios: la mitología de una religión, un cómic, un libro semiautobiográfico, una película… todas ellas contando la misma historia, pero sin hacerlo; todos los personajes habitando la misma noche, pero en días distintos.
Y durante esa noche, las calles de la Cocina del infierno que patrullan nuestros personajes se convierten para sus habitantes en un lugar donde cohabita la vida y la muerte. Es un purgatorio en el que hay gente que necesita ser salvada; gente que no quiere ser salvada y aun así lo es; gente que quiere salvar a otra gente y lo consigue; gente que, aun queriendo salvar a los demás es incapaz; gente que resucita después de muerta y gente que muere definitivamente.
Todos son el mismo personaje
Nuestros Frank Pierce, Matt Murdock (y en menor medida, Job) son, en realidad, todos ellos. Ese es el precio a pagar. Un santo, un superhéroe o un paramédico nunca llegan a tener del todo un respiro en la mitología que habita cada uno (la religión católica, el arco de un cómic de Marvel y el trabajo asalariado respectivamente). A la noche siguiente volverán a tener que salir de nuevo a la calle para intentar salvar una vida más, sabiendo muy bien que la única vida que tienen el deseo de salvar es, en realidad, la suya propia. Unas palabras pronunciadas durante una de las mejores escenas de la película por ese ángel-blanco-demonio-rojo que es el personaje de Nicolas Cage resumen todo esto a la perfección:
Salvar la vida de alguien es como enamorarse: la mejor droga del mundo. Durante días, tal vez semanas después, caminas por la calle haciendo infinito todo lo que ves. A veces me sentía levitando. Todo lo que tocaba se hacía más ligero, de los bolsillos me caían flores. Te preguntas si te has vuelto inmortal, como si hubieras salvado también tu propia vida. Dios te ha atravesado, por qué negarlo. Y por un momento, por qué negarlo, por un momento… Dios fuiste tú.